ME DESPIDO DE CÚRCUMA

/ Març 5, 2019/ Cúrcuma/ 0 comments

Compartim l’escrit que ens deixa la nostra companya, amiga i exsòcia Inma Pascual Sánchez.

Gràcies per compartir aquestes reflexions.

6 de febrero en una terraza al Sol. Entre la inmensidad del mar y la montaña. Me siento, con todo el tiempo del mundo, a escribir sobre mi paso por Cúrcuma.

Este escrito va de compartir mis sentires, saberes, dudas, miedos y aprendizajes. Es unagradecimiento. Y va de mostrarme, de soltar y de honrar el camino. Y lo comparto porque sé que no soy la única a la que le conmueve lo que voy a contar. Porque no se suele hablar de la dificultad. Tampoco del potencial propio, ni de los entresijos de una cooperativa, ni de lo que supone empezar un proyecto y consolidarlo.

Empecé a crear Cúrcuma con 23 años, sin tener ni idea de dónde me metía, y con el sueño de crear mi propio proyecto laboral con valores libertarios. Quería trabajar la coeducación en las aulas y la conciencia del impacto que tienen las violencias de género en nuestras vidas. Acabo casi con 30, y llevo conmigo una mochila inmensa de experiencias y saberes que no imaginaba poder llegar a tener cuando empecé.

Han pasado 5 meses desde que decidí que mi tiempo en Cúrcuma llegaba a su fin. Y desde entonces, han sido unos meses muy intensos. Tomar la decisión lo fue especialmente, ya que me desquiciaba no saber lo que quería, estar en la indecisión. Unos días pensaba en dejarlo y era feliz. Otros, pensaba todo lo contrario y me invadían mil voces: Si dejas Cúrcuma habrás fracasado. Es tu proyecto y no puedes abandonarlo así, en su momento más complejo y consolidado, ¿Qué pensará la gente?, ¿Quién seré si lo dejo después de tantos años siendo Inma de Cúrcuma?, ¿A qué me dedicaré ahora?, ¿Estoy haciendo lo correcto?, ¿Y si me arrepiento?

Pero después de noches sin dormir, ansiedad, conversaciones eternas con colegas, miedos y más miedos, pude escuchar más a mi cuerpo y dejarme guiar por las señales que, desde hacía tiempo, me estaba mandando. Asumir, de una vez, que dejarlo ir era lo mejor. Que era el momento de poner fin a esta gran e importante etapa de mi vida. Y entonces, algo en mí descansó. Empecé a respirar. Y a poder preparar mi salida con toda la conciencia posible del impacto y las consecuencias que podía tener en la cooperativa y en mis compañeras.

Hoy, decido ponerle el broche final a este proceso, para poder parar y entender. Y por eso, este escrito.

Durante estos años en Cúrcuma, he aprendido sobre todos los entresijos de una entidad: organización, gestión, administración, planificación estratégica, economía, coordinación de áreas, trabajo en equipo. Sobre el poder en una organización horizontal, el consenso, la resolución de conflictos, el trabajo en red, … Y el camino, también nos ha puesto delante aspectos clave: ¿Cómo se gestiona la interdependencia y la individualidad dentro de Cúrcuma? ¿Cómo hacemos de Cúrcuma un proyecto sostenible más allá de lo productivo y el dinero? ¿Cómo damos valor a lo reproductivo y a la sostenibilidad de la vida? Y para mi, todo esto, ha significado entrar en un terreno desconocido, y levantar ampollas. Porque hay teorías y sueños, pero pocos referentes. Y es que significa empezar a considerar el sistema socioeconómico como un engranaje de diversas esferas de actividad (unas monetizadas y otras no). Plantarse colectivamente frente a la vara de medir del dinero y decidir, conscientemente, sobre el valor de diferentes acciones, esfuerzos y trabajos. Y es desde aquí, que he querido construir un proyecto de vida, de economía feminista, social y solidaria: Escogiendo la cooperativa como alternativa al capitalismo. Motivada por querer poner los cuidados en el centro, construir con amigas, sentirnos familia. Poner en el centro lo reproductivo, y crear relaciones rizomáticas y experiencias de conexión con nuestro potencial. Aprender a ser un poco más libres en nuestro día a día.

Pero la realidad es otra muy distinta. Y poner esfuerzos en crear una alternativa al capitalismo dentro del mismo sistema es una lucha continua. El sistema te afecta y lo he visto en mi, en Cúrcuma y en otras organizaciones y grupos.

El ritmo frenético del trabajo y de Barcelona junto con la lucha por la supervivencia de la cooperativa es un cóctel explosivo de estrés, dinámicas abusivas con una misma y con el equipo, y es una fuente de intensificación de los conflictos latentes.

Pero sobretodo, lo que hay en el fondo es una incongruencia entre la teoría y la práctica, el deseo y la realidad que, sino se mira de cara y con cariño, te explota. Y reconocer que a veces no sé cómo hacerlo, que a veces hago daño, que a veces me equivoco, me alivia un montón. Ser honesta conmigo misma y reconocer que, simplemente, no sé y me equivoco, me permite aprender de lo que hago, y del impacto que tengo en la otra y en el colectivo. Y escuchar qué necesita la otra para poder reparar el daño, recolocar lo que se ha movido y reconocer mis hechos, responsabilizarme de mis actos.

Cuántas veces he ido a una facilitación de un grupo o a hacer un taller sobre cuidados y me he preguntado: ¿Quién soy yo para facilitar esto si me pasa lo mismo y no tengo la solución, si no sé cómo se hace?, y ponerme a hablar con otras colegas del gremio, otras cooperativas, y ver que es algo compartido. Reconocerme en el no saber y en el dolor de las otras, me permitía relajarme por un momento. Hasta que la pregunta volvía: ¿Cómo ser sostenibles y no morir en el intento?

Bueno, yo no he muerto. Pero me he quemado por el camino, el burnout que le llaman “los expertos”. Y ahora necesito descansar, bajar el ritmo y hacer un reset.

Estoy bloqueada y, mientras escribo, me doy cuenta de ello. Porque no sé como seguir o qué decir. Y entonces, pruebo conectar con lo que me sirve cuando estoy facilitando grupos con este mismo conflicto (cómo lidiar con lo reproductivo y los cuidados). Algo que me ayuda es decir: A mi también me pasa, y no tengo la solución. Pero os invito a que veamos conjuntamente qué se nos mueve. Que escuchemos el impacto, el dolor, los miedos, el no saber. Fijémonos en lo que sí nos relaja, en lo que funciona, nos libera y nos hace respirar un poco. Potenciémoslo. ¿Cuáles son los puntos de entendimiento? ¿Aquello que confluye en nuestra diversidad de vivencias, voces, sueños y malestares? ¿Cuáles son las pistas que nos permiten caminar hacia una convivencia más saludable, vivible, más rica y más común?

Y podría seguir hablando más sobre esto. Mientras escribo, me doy cuenta de que me apasiona y de que algo sí sé, pero ya sería otro artículo. Así que continúo.

¿Qué tiene que ver todo esto con Cúrcuma?

Este último año, ha sido especialmente intenso para la entidad. Con muchos cambios, transformaciones y conflictos dentro del equipo. Y es por eso que, por mi salud mental, elijo descansar. Parar. Desintoxicarme del ritmo frenético en el que estaba y de la inercia de mis dinámicas internas, que no he sabido cambiarlas desde dentro. Elijo darle espacio al duelo. Al vacío que deja el “adiós” o la distancia de quien consideraba mi familia. Elijo parar para que se posen todos estos años de aprendizaje y saborearlos, reflexionar e integrarlos.

Elijo parar y abrir los brazos al duelo. Y me llevo conmigo muchos encuentros inspiradores, creativos y enriquecedores con todas las personas maravillosas con las que me he ido cruzando en Cúrcuma. Y con las que nos seguimos cruzando y compartiendo.

Y, en especial, quiero agradecer a todas las personas con las que he compartido este viaje de principio a fin. Ana, Alf, Patri, Maier, cuando Cúrcuma se llamaba “De paso”, y era un embrión. A Maier y a Nando, cuando soñábamos juntas y debatíamos sobre nuestros valores, objetivos, ideales y sueños. A Aran y Kiku, que llegaron en la etapa de consolidación y crecimiento del proyecto. Y a Anna, que llegó un año más tarde. A María, apoyando el área administrativa y económica de la cooperativa. Y a Edurne estos últimos meses.

Gracias también a las satélites que nos han apoyado en la parte comunicativa (Mariona, Marta y Sara). A todas las colaboradoras que han pasado por Cúrcuma, y a todos los asesoramientos, en especial, a Jeff G. y Xavi L. Gracias a los/las clientes que confían en Cúrcuma y en nuestro trabajo. Y a la red de apoyo de entidades, personas y proyectos del gremio. A toda la red de economía social y solidaria que he conocido por el camino y que ha dado sentido a crear un modelo alternativo laboral y relacional.

Gracias a todas porque hacéis posible que este sueño sea ahora una cooperativa que, día a día, planta semillas y hace posible un mundo donde la violencia y el conflicto se transforma en aprendizaje individual y colectivo. Gracias a todas por caminar hacia relaciones más sanas y por poner esfuerzos en aprender habilidades para reparar, sanar y transformar el dolor.

Kiku y Maria, gracias de nuevo. Especialmente, por hacerlo fácil y comprender mi camino, y por seguir adelante pese al temporal. Me llevo tanto que se me hace imposible nombrarlo todo. Y sé que, aunque me vaya, Cúrcuma está también en mi.

Así, desde la inmensidad del mar y el movimiento agitado del viento, me despido con mucho amor y sintiéndome preparada para soltar.

INMA PASCUAL

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